Las tiendas de moda juvenil

Durante estos últimos días con la llegada de mi hermana y el puente del Pilar, no me ha quedado otro remedio que pasármelo casi todo en tiendas de moda joven. Creo que es de crucial importancia en una pareja tocar el tema de las tiendas de ropa antes de comenzar una relación seria, y eso es de hecho lo que más o menos le di a entender a mi pareja al comienzo de nuestra relación: nada de abusar de mí para llevarme a tiendas de ropa; me aburren, me agobian, no las soporto.
Pero claro, esta vez la situación invitaba a ser más permisivo y había que aguantar. Lo que provocó que, al pasarme más tiempo del debido en estos sitios, tuviera tiempo de sobra para llegar a formar una idea bastante clara en mi cabeza de lo que puede encontrarse en estos lugares.

Ante todo, y lo primero que llama la atención en estos sitios, es la afluencia masiva de gente, produciendo ese agobio tan característico de las cadenas de tiendas de moda joven, de hecho creo que estos lugares se asemejan muchísimo a la segunda peli de zombies de Romero (que ya en sí es una crítica encubierta al consumismo). La gente se mueve como dominada únicamente por sus impulsos, mientras camina de un lado para otro entre el bullicio.


Ojo! que vienen las rebajas!

La ropa es algo que a mí personalmente nunca ha llegado a fascinarme, pero que en la mayoría de la gente que observo por allí provoca una fascinación similar a la que producen en mí las tiendas de discos, o comics, por poner un ejemplo. Aunque yo encuentre mucho más enriquecedor buscar entre tebeos y lp’s y empaparse de algo que por sí solo posee todo un mundo de sensaciones, que ver trozos de tela que sólo necesito cuando tengo que vestirme. Pero vamos, eso va a gustos.

Lo curioso, es que los compradores en potencia de estos lugares tampoco dejan entrever el menor síntoma de aburrimiento o irritación, aún teniendo en cuenta la tortura continua a la que son sometidos, ya no sólo por la afluencia masiva de gente, ya algo que de por sí lo hace insoportable, sino por la música machacona que suena a través del hilo musical a un volumen bastante alto. Normalmente suele tratarse de la misma en todas las tiendas de este tipo. Se trata de música comercial discotequera, de esa que ahora está de moda pero que de aquí a tres o cuatro años ya nadie escuchará. Se caracteriza por tener una base rítmica repetitiva, que se da en la mayoría de canciones (cada canción suena casi exactamente igual que la anterior, con un ritmo cargante y cuadriculado), así como un sinfin de recursos que no pasan de meros sonidos grabados con, como mucho, alguien cantando encima. En realidad puedo llegar a entender, hasta cierto punto, que los compradores en estado semi-catatónico lleguen a aguantar en estos sitios incluso horas, lo que no alcanzo a comprender es como una dependienta es capaz de aguantar semejante tortura durante largas horas de trabajo y colas enormes en la caja, y regresar al día siguiente, a cambio de un sueldo, por lo general, bastante bajo. Comprendo ahora por qué cuando he intentado romper el hielo con alguna de ellas en una discoteca a duras penas he conseguido mantener una conversación. Es lógico, tantas horas en una tienda de ropa tiene que pasar factura.
Las dependientas de estas tiendas de moda juvenil suelen caracterizarse por tener un aspecto resultón, ser portadoras de algún que otro piercing y algún tatuaje. Aparte les gusta ir muy maquilladas, y suelen ser aficionadas al moreno playero o de solarium.


Si se arregla también podrá trabajar en una tienda de ropa.

Algo debe tener la moda que induce de semejante manera a la gente a moverse por estos sitios agobiantes, y que a mí personalmente se me escapa, menos mal que las tiendas de ropa para hombres no suelen estar tan masificadas, aunque con esto de la dichosa moda “metrosexual”, cada vez hay más tipos que viven por y para comprarse ropa. Entre mi grupo de amigos sin ir más lejos, había uno que cada fin de semana se recorría 100 kilómetros para ir a comprarse ropa al Zara de Tarragona. Pero de todas maneras, si puede ser tampoco me dejo caer demasiado por estos sitios e intento ir sólo una o dos veces al año y por necesidad. La ropa en estos sitios no suele gustarme, aparte suele ser mala. Menos interesante aún me parece la ropa de mujer. De hecho cuando mi pareja me pide opinión respecto a alguna prenda para ella, sólo sé responder con un seco: “está bien…”.
Y ya estamos con lo de siempre, tantas horas perdidas, tanto dinero mal gastado… cuando, como dicen, lo que verdaderamente importa es la percha. Entonces… que se compren la percha, ¿no?